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29 diciembre, 2016

Peter Handke - La mujer zurda (1976)



Es después de Navidad y nieve cae sobre los pozos de orina de perro, congelada. Una mujer que se llama Marianne se separa de su marido y decide vivir sola con su hijo, a pesar de que todos dicen que va morir vieja, amarga y sola, quizás alcohólica y pobre. Viven en una casa moderna en un suburbio en la colina de una sierra en el medio del país. El marido viene de vez en cuando de visita, es bastante agresivo, pero la pareja también se muestra sus debilidades y continúa a haber cierta intimidad. Ella consigue un trabajo de traductora y pasa el día en la máquina de escribir. Mantiene una ambigua amistad con Francisca, la profesora, quien acoge al marido cuando lo echa de casa. Ella la quiere convencer de participar en su reunión de mujeres, y los otros también tienen muchos consejos sobre como vivir para ella.
Según afirma wikipedia, también el autor era traductor del francés y vivía solo con su hija en un suburbio de una gran ciudad (Paris)
Hay pocos diálogos y muchas escenas mudas, como cuando ella y el nene se quedan contemplando la noche de diciembre, cuando el marido se acuesta en la nieve o ella mete la cabeza en el ropero.
Está escrito en escenas que podrían ser escritas para el teatro, pensé. Nunca había leído nada de Peter Handke, pero su nombre me sonaba vagamente de algún recuerdo de haberlo leído o escuchado a ser nombrado. Leí que La mujer zurda era originalmente un guión cinematográfico, pensado en imágenes y convertido en narración por le mismo autor inmediatamente después.
La película fue producida por Wim Wenders, sobre quien tampoco sabía nada hasta hace poco (hablaré aquí en el blog sobre uno de sus películas próximamente). Pero con quien quizás comparte temas y estilos, por lo menos la generación.
Me hizo acordar mucho del cinema de Fassbinder o Michael Haneke, será por el imaginario alemán/austríaco de los 60/70 en el que muchas veces se retrataba una familia "típica" de clase media o media-alta y después se la desconstruía (o me provoca esta familiaridad por el estilo de los muebles y los peinados de los adultos que en mi infancia todavía eran parecidos(?)). Por el medio hay muchas escenas de supermercado, trayectos de viaje en auto, televisión, anonimato de la gran ciudad versus miradas curiosas de los vecinos en el barrio versus naturaleza idílica en el fondo con la que los individuos perdieron el contacto.
Me pasó igual que con Estranha forma de vida, me encantó el inicio de la novela, pero luego el desenlace es decepcionante. Es mucho más difícil escribir una novela corta (esta se lee en dos horas) que una larga.

28 diciembre, 2016

Enrique Vila-Matas - Extraña forma de vida (1997)




Nunca había leído nada de Enrique Vila-Matas, pero sí sobre él. El escritor es conocido por su blog, (www.enriquevilamatas.com) y por su proximidad a la vida cultural portuguesa, que casi me quita las ganas de escribir sobre el libro, ya que mucho mejor lo hace él. La cuestión del lugar del autor es una de las cuestiones centrales de esta novela, parece una novela pasajera, que nada tiene de importante, cuenta la vida de un escritor que para escribir su trilogía de realismo social, sobre los desheredados de la vida, espía los vecinos de su calle de Madrid. Para una la preparación de una conferencia sobre la estructura mítica del héroe clásico que es supuesta dar para ganarse la vida, en una especie de diario íntimo, cuenta sus conflictos amorosos y relacionados a su actividad de escribir. Habla de Graham Greene, Salvador Dalí, Virginia Woolf, de Unamundo y de las historias de espionaje. Cuelgo aquí un fragmento del blog del autor:
"Encontré el título del libro en el aeropuerto de Lisboa al ver un disco con un fado de Amália Rodrigues que se llamaba Estranha forma de vida. Me enamoró no exactamente el título sino la belleza de Amália. Y en mi ciudad encontré la historia que iba a contar: la de un barcelonés dividido entre dos amores y entre dos actividades parecidas, la de escritor y la de espía. Recuerdo que, escribiendo ese libro, acabé transformándome en una especie de Fernando Pessoa del barrio de Gràcia de Barcelona. Escribir o la única forma interesante de estar en el mundo, extraña forma de vida"
Es una novela sobre autoría, sobre el acto creativo. La figura del autor y su conflicto con el texto que, como afirma, idealmente no surge del escritorio, pero de la calle misma, se revela como personaje desagradable, superior, egoísta con una "absurda fijación por lo real". Es mal padre de un hijo medio autista (obviamente sufre tener el padre que tiene), le gusta vigilar y quemar hormigas. Parece que esto corre en la familia, ya el abuelo era "voyeur de lo subterráneo". Al final del día le ofrecen otra conferencia sobre la muerte de la novela, tema ya muerto y vuelto a masticar, por lo que a él le gustaría escribir sobre otras cosas, experiencias personales, por ejemplo, o sobre los infelices de su barrio, el amor, etc. intenta de mudar de estilo literario (hacia lo fantástico) pero  acabará aceptando la oferta de la conferencia porque en realidad son las mujeres que lo sustentan financieramente en todo ese tiempo que el proyecto novela no sale adelante. 
 El tema de las ópticas, del voyeurismo, del espionaje (con cigarro, gabardina, lentes de sol, y paraguas) es divertido al inicio, porque es todo medio exagerado, grotesco, y hasta con toque existencialista (la explicación de todo es ausencia de Dios en este siglo). Es una novela sobre los autores modernos, de la burguesía y de privilegiados puntos de vista.

Frase memorable: "Enquando urinava, enquanto esvaizava a minha bexiga, tive a agradável sensação (..) de estar a participar no fluxo natural da vida".

La primera mitad de Extraña forma de vida (que se refiere a la vida del autor) me gustó bastante, la segunda solo me parecía repetir la primera y con eso arruinó el placer de la primera mitad.
Tal vez no había entendido bien su referencia, pero que se compare (o compare sus personajes) con Fernando Pessoa me parece una falta de respeto. Pero supongo que voy a darle otra oportunidad.

20 diciembre, 2016

César Aira - La villa (2001)



Re-lectura 2016:
La segunda lectura, entre lo que me olvido y lo que ni lo capto de la primera vez, se torna casi en experiencia de leer un libro nuevo, y mejor, porque parece que ya lo conozco y lo veo con otros ojos, mas enfocados.
Me planteé una lectura con atención al tema del valor. Escrito en 1998, antes del estallido de la crisis económica del 2001, la novela no permanece ajena a sus condiciones de contexto. Es una novela sobre trabajo y el ocio, sobre valor y sobre basura.
Para quien no conoce el libro, conviene leer primero lo que escribió en la primera vuelta, abajo viene la actualización:
 
Mi nota de lectura del 2013:
Aparte de ir al gimnasio, Maxi no tiene ninguna otra ocupación fija. Vive en el barrio de Flores, tiene veinte años y un físico imponente, no estudia ni trabaja. Ese otoño, llevado por la necesidad de ocupar el tiempo, empezó a ayudar a los cartoneros y cirujas a transportar sus cargas... así se lee en la contratapa. En esta novela César Aira describe Buenos Aires, real y fantástica. Primero lo leí como si fuera un ensayo sobre la pobreza de ciudad. Ayudando a los villeros de su barrio, el protagonista muy particular - se parece a un gigante inocente - se acerca cada vez más a la misteriosa villa miseria del Bajo Flores, apodada La calesita, reflexionando acerca de sus habitantes y su aproximación. Una novela corta que por la mitad toma vuelo con la introducción del personaje del comisario Cabezas que un día ve a Maxi entrar en la villa y huele un caso (donde no hay explicación se crea una), pero se desenvuelve algo distinto a una novela negra común. Emboca en un creciendo de suspenso y estalla en un mundo de narcotraficantes, policías corruptos, inmigrantes y una jueza salvaje, predicadores de iglesias modernas evangélicas. Una novela, un toque surreal, muy rioplatense. Escrita por un autor que sabe usar el lenguaje y construir un relato, por veces absurdo o cómico, pero siempre serio al mismo tiempo; se leen frases como: En realidad, pensó Maxi, bastaba un desplazamiento de un minuto, o de un segundo (o de un centímetro) respecto del tiempo o el espacio de los demás, para vivir una realidad distinta, en la que fueran posibles todas las magias. O cuando describe al policía: un estegosaurio sanguinario asomando el cuello pedregoso de un lago de petróleo, la noche del fin del mundo. 

Re-lectura 2016:
Podria llegar a dar toda la vuelta, hasta morderse la cola de verdad que iba dejando cada ves más atrás?

Maxi es ayudante de los cartoneros/ linyeras/ cirujas porque  ve eso como un pasatiempo, y él como individuo case media que vive con los padres, no tiene que estudiar, ni trabajar. No lo ve como caridad, no se quiere dejar encasillar en eso, por la misma razón por la cual no iba a aceptar un trabajo como portero u instructor de gimnasio, le falta el don de la violencia y aborrece los sistemas que se auto-absorben (sería como si un enfermero se hiciera médico). Maxi sabe que nadie elige su lugar, la inadecuación es la norma, él mismo cayó en su lugar sin que nadie le preguntara, además la sociedad opera con clases amplias y groseras, sin la necesária finura para captar propiedades individuales.
La publicación de la villa en el 2001, lleva signos de su tiempo:
los carritos de los cartoneros que tira Maxi por las calles carecen de adornos y decoraciones, son puramente funcionales, "no en vano habían llegado los '90" 
El espacio de la ciudad se divide. El territorio que ocupa la villa tiene sus propias reglas, de afuera no se entiende.  La gente del barrio nunca entra en la villa, tienen miedo. El miedo es la clave, la matriz de los lugares, imaginarios, sociales, afirma el narrador. En Flores todos se conocen, afirman los adultos, peor Maxi, vive soñando, en la suya y no se da cuenta. "que poco te fijás!", le llegan a decir todos. Parece que una persona se tiene que aptar a su lugar físico, pero como afirma otro personaje, "es como si uno viviera en un laberinto, al que siempre le estan haciendo reformas." Una de las características de la vida urbana es que los edificios están tan cerca, mismo los de Flores no-villa que los vecinos se ven por la ventana. Maxi descubre que conoce a la sirvienta de los vecinos, ella es la figurita negra que ve todos los dias en la margen del espejo que tiene sobre la cama. 
En la villa, Maxi no consigue leer las caras, ni las edades, confunde los paraguayos y los bolivianos. En vez de cuadras bien planificadas, cien por cien metros, la villa es redonda con calles que parten de la margen para dentro en ángulos agudos, sin nunca llegar a ningún centro (esto piensa aquel que toma la lógica de lo no-villa como norma), también dentro de las manzanas no hay sino más casas, de gente más pobre todavía. Las profesiones y habilidades de la villa siguen otra lógica, la de la necesidad. Ellos no le temen a la electricidad, por ejemplo, como lo hacen los pequeño-burgueses. Como resultado la villa redonda brilla con una abundante luz, un halo en la niebla, o con lluvia, un "anillo de luz amarillo, más bien una cúpula, hecha de puro aire nocturno encendido, en el que mil millones de puntos móviles formaban una textura dorada, de maravillosa profundidad".
Si bien la villa parece ser un espacio aparte, es regida por negocios inmobiliarios desde afuera. La vecina de Maxi y el marido son propietarios de muchos espacios que se alquilan a una secta evangélica, careta de un negocio de merca, como muchos sospechan. Complementario a eso, son dueños de granjas de rehabilitación de toxico-dependientes en el Gran Buenos Aires (ligación villa-ciudad-campo). Espacio aparte, pero "los pobres se vestían como cualquier otro argentino" y "la gente no se dedicaba a hurgar en la basura por vocación, o mejor dicho; hubiera bastado un pequeño cambio socio-económico, para que esa misma gente hiciera otra cosa". Sabe eso, pero Maxi es al mismo tiempo tan ingenuo, el no se fija en la data de la noticia en una hoja de diario que encuentra en el suelo, porque en su imaginario de adolescente distraído, solo hay un diario. No es el único que se confunde, hay muchas duplas en esta novela, dos mismos apellidos, dobles vidas, es el miedo de la ciudad, el de la perdida de la identidad, el "que te tomaban por otro".
La justicia y sus ayudantes no son muy confiables, la Jueza "no era de las que se molesta en buscar pruebas y el inspector Cabezas, "sin necesidad de recurrir a la influencia de la novela policial, las cosas se presentaban bajo el aspecto de un "caso". Donde falta una explicación, la crea. La jueza, que como es muy baja, muy obesa y con rasgos indígenas, representa a las minorías, era de temer, (aunque nadie la temía), "ella destruía, aniquilaba, y lo hacía a partir de la menor suspicacia, del rumor. "[A]lgunos liberales recalcitrantes le reprochaban, en voz baja y dentro de discretos ámbitos de la torre de marfil, que fuera "mediática". Pero ese rasgo no les habría impedido aceptarla si fuera más presentable, menos sintonizada con los instintos más sanguinarios de la plebe." .
Maxi no se da cuenta, pero hay cameras de vigilancia en todo lado. hay helicópteros y transmisión directa na TV, 24 horas. El periodismo sensacionalista de "las noteras" sigue la "justicia" a pie, y hasta dispone de los helicópteros necesarios para mostrar las imágenes con credibilidad. Se preocupa con la pregunta, "Cómo se iba a ser aludido el televidente en su realidad física." y titula en las pantallas en vivo POLICÍA CRIMINAL PADRE DE CHICA ASESINADA: RUTA INFERNAL DE LA VENGANZA: MORIRÁN TODOS, antes de saber que pasa. La televisión nunca se equivocaba, porque era la acción misma, explica el narrador.
Resumiendo, y espero no tener revelado demasiado sobre el desenlace", creo que es una novela sobre la inadecuación (en la ciudad), ".. no hay nada más universal que el malentendido" y sobre los muchos espacios superpuestos en la ciudad.
El estilo de Aira, es cómico, grotesco, comprometido (algunos me contradirían aquí, probablemente) y fácil. Sus novelas suelen acabar en un showdown espectacular, como un exagero un poco estúpido y con elementos lindos - Vale la pena!

08 diciembre, 2016

Juan Carlos Onetti - El pozo (1939)


Creo que es lectura obligatoria de escuela en Uruguay, y yo, ahora que, después de no haber encontrado placer en leer La vida breve, pero tenido una experiencia muy buena con El astillero, sigo notando en mi una curiosidad por Onetti, no tuve más escusas. El pozo, después de haber publicado unos cuentos, la primera publicación de una novela (aunque con poquitas páginas). La historia es la de un hombre a quien no le importan ni la belleza, ni la comodidad, ni la miseria y que se pasa el tiempo que está encerrado en una pieza caliente y desloada, escribiendo sus memorias, antes de cumplir 40 años el día siguiente, para poner en papel aquellas memorias del alma, de si mismo, de sus sueños y sentimientos de alguna forma incomunicables. En los sueños el personaje habla de mujeres y dialoga, siempre son situaciones marcados de falta de comprensión, frustración y en realidad, profunda soledad. Creo que es una novela sobre formas u intentos de expresión y (como en realidad todos los libros) sobre cómo la vida interior /la poesía  puede llega (o no) a salvar el hombre. Lo que tiene Onetti de fascinante no śe, es ambiguo, sus personajes me repugnan siempre un poco. Es algo tan misógino que me preocupa el facto de seguir gustando de Onetti, pero claro no es él, son los personajes.

Manuel Puig - Maldición eterna a quien lea estas páginas (1980)

Con lo bueno que se siente acabar una novela, no sé porque no leo más! Pensé que había perdido a este libro y luego encontré debajo de mi cama.

Ni me acuerdo bien de las novelas que había leído de Puig, pero mismo a pesar de leer traducido (o por haber también leído algún otro traducido), en seguida sentir volver a una voz conocida. Debe ser por el uso de los diálogos y cartas. El escenario es Nueva York del fin los '70, se encuentran dos hombres, el viejo argentino Mr. Ramírez y un joven historiador nuevayorkino, Larry, que lo visita en el hogar de ancianos y pasea al primero en su silla de ruedas.

El hombre mayor, Mr. Ramírez, paga a Larry que parece agradecer cada dolar porque anda apretado. Del caso del viejo que trata una comisión internacional y parece no carecer de dinero. Él tuvo un pasado activista, que sufrió prisión y persecución política. Está paralizado y perdió la memoria probablemente por sufrir tortura. Los dos hombres conversan mucho, Mr. Ramírez sobre todo pregunta, como se sienten las cosas, es de eso que más se quería acordar, los dos inventan historias en conjunto, memorias inventadas que en partes parecen muy reales, pero quedan abstractos o llenos de mentiras obvias. Hablan de sus familias, de sus ideas de familia, trabajo e religión y en las conversas se acercan, parecen ser terapia para los dos, pero también discuten como dos hombres miopes, egoístas y coléricos.
En el inicio todavía van juntos a la biblioteca municipal, hablan de Marx (donde tienen el prime volumen del Capital, que es como tienen la Biblia en los Motels), de Wuthering Heights, después de Camus y Sartre, y los temas y actitudes reveladas son cada vez más pesimistas, las confesiones cada vez de mayor peso (los dos se revelan machistas, autoritarios, con doble moral). Mr Ramírez posee unos libros con mensajes y anotaciones de su tiempo de recluso, codificado y permite a Larry trabajar con estas.
Al final se explica porque Larry dejó de ser profesor universitario, cosa de que siempre se negaba de hablar, quizás no fue tan inocente de todo. (y Mr. Ramírez, preparó él este desenlace?). Me gustó esta ambigüedad, pero creo que el Beso de la mujer arana me gustó más, igual el principio de la historia es similar. Escrito durante la última dictadura cívico-militar en Argentina, es curioso que ya en este momento, eligió como tema central de la novela la memoria y el testimonio. Quien cuida de la memoria, sino los que mejor pagan, como las universidades? La voz de alguien que fue excluido, o que cambió de opinión, ya no cuenta? De todo, existe algún partido cuya voz sea realmente de confiar?

01 diciembre, 2016

Mario Levrero - París (1970/1980)


El libro comienza con una dedicación: A la ciudad de París, con las disculpas pertinentes. Prepárese. Un viaje de 300 siglos cansa, y más cuando después de eso se llega a la misma ciudad gris desde que se partió. El protagonista sin nombre/narrador en primera persona sale de la estación de tren (me acordé solo al leer otra reseña, La ciudad finaliza con el narrador entrando en Montevideo en tren y después de casi adormecer en un banco de cansancio y desespero, tomar un taxi y se prepara para conquistar París. Todavía en la estación, escucha una voz que le dice:
"Sin embargo no me parece insensato emprender un viaje para darse cuenta de su inutilidad. Si usted cambia esta naciente desesperación por una calmada desesperanza, habrá obtenido algo que muchos humanos anhelan"
Él torna esto su misión, además de intentar comprender porque esta ahí en esta ciudad contradictoria y si quizás necesita hacer otra viaje y en realidad, ordenar la ciudad, ubicarla en su imaginario. Pero, al igual que en los dos libros que anteceden este, su único motivo es irse de ahí.
Esta tercera entrega de la trilogía involuntaria es todavía mucho más entreverado, loco, imprevisible, el más asfixiante y el más esclarecedor. Como siempre el protagonista anónimo se encuentra desubicado (en no-lugares, heterotopias?), por no tener dinero le meten en una especie de monasterio, o asilo con prostitutas. En principio la entrada es protegida por soldados de gatillo fácil, pero siempre hay más salidas que se encuentran, sin embargo se aferra a el por ser su punto de referencia. En el comienzo, como en los libros anteriores (El lugar y La ciudad) todas las personajes parecen estar ahí para molestarlo o burlarse de él, pero después se despliegan las cosas. Por ejemplo consigue controlar el sueño y soñar despierto, aunque no sin dificultad para salir de ese estado, también consigue volar. Hay una doble identidad, el yo vigilia y el yo sueño y otras duplas (Juan Abel y Pedro Abel; Angeline y Sonia). Están más desarrolladas las referencias "reales", se mencionan varias ciudades, Buenos Aires, París, Carlos Gardel, Hitler, De Gaulle, la objetividad, esa filosofía blanca y negra, propia de autoridades, curas y médicos, que según el protagonista está errónea, pero, ya que emociones no, permite cierta paz. En esta parte (que en realidad no es parte), hay más reflexiones sobre la conexión entre el mundo exterior e interior, sobre el uso de la memoria y sobre la representación ("son baldosas cuadradas, pero yo las veo como flores"). Otra cosa que avanza es la cuestión de las mujeres, mientras en los otros dos libros todas las mujeres son objeto sexual, o objeto de una frustración personal, aquí las mujeres dialogan con el protagonista y lo hacen ver su ridícula relación con ellas. También es la parte más política de la trilogía, por así decir, si en La ciudad mandaba exclusivamente la Empresa, aquí hay guerra, hay una resistencia, hay muchas referencias reales (no solo París y su Barrio Latino, también Buenos Aires, Carlos Gardel) y de ciudades extensas sin nombre con una estructura cuadriculada que la divide en manzanas uniformes.
Me parece tener influencia de Manuel Puig, aunque no sé si Levrero leyó o gustó de Puig, o si tiene algo que ver. Concluyo pensando que es un libro brillante, muy bueno, hasta diría de lo mejor que ya leí por el momento.

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